Alejandro Marcovich: brillando como un diamante en El Plaza


Fotos: @mgxfotografia
Reseña por:
@GabaMaiden

De vuelta a 1973, siempre emulantes, añorantes del pasado y sus sinfonías: colores que contrastan estados mentales de nuestras vidas.

En el tributo que rindiera Pink Floyd a Syd Barret, después de su salida de la legendaria banda inglesa, suenan los primeros acordes de “Shine on your crazy diamonds”: “Remember when you were young, you shone like the sun”…

Al mando de la noche, Alejandro Marcovich, el multifascético músico de origen argentino, nos conduce hacia una cueva en la que se rinde honor al sonido, donde en cada recoveco vas encontrando una sorpresa o un recuerdo, en donde el estruendoso poder de su guitarra nos hace elevarnos recordando los solos de David Gilmour con un nuevo aroma estelar -que si nunca fue tributo por parte de Marcovich, hizo vibrar a cada uno de los asistentes a El Plaza la noche del grandioso 11 de abril.

Los sentidos se enervaron, invitando a participar del festín marcoviano a través de las adaptaciones e improvisación en escena y del acompañamiento de su gran banda de músicos, de la que Carlos Muñoz fue el vocalista de la noche. y quien no quedó a debernos nada, haciéndonos disfrutar cada propuesta y a ir adivinando el ingenio de una nueva inmersión al mundo de Pink Floyd.

Al fondo del cósmico escenario, Juliette Leyva y Yolanda Orrantia, interpretaban los coros, mientras en sensacional trabajo Pablo Enríquez le daba al bajo y el chilango Rubén Baeza atacaba con pasión la batería.

No podríamos evitar elogiar el gran papel que Beto Delgado -sax, flauta transversa- puso en escena, en una hipnotizante improvisación a la par de Uriel Orozco -teclados-, llegando a las fibras más sensibles.

“Money” cayó más tarde en el escenario sobre un manto de imágenes que nos mostraban la paleta de colores, que en iconoclasta fusión, mostraron los escenarios políticos mexicanos entre los que danzaron Lázaro Cárdenas, los zafarranchos entre diputados, algun que otro “dinosaurio” y la bandera nacional.

Los calosfríos volvieron al sonar “Us and them”, al momento que Martin Luther King en gran pantalla se preparó para decirnos de nuevo: “I have a dream”; Vietnam estalló ante nuestros ojos, Nixon se contrapuso con escenas de represión estudiantil de los sesenta y Lenin vendió la mejor versión del comunismo.

El estruendoso poder marcoviano y esas tonalidades que imprimió al estilo caifán, se asomaron en cada riff, haciéndonos nadar en el mar de arreglos y volar en cada  melodía.

“Arnold Layne” “Wish you were here”, “The Wall”, “Us and them”, “Brain damage eclipse”, “One of these days”, “Dogs” y “Run like hell” fueron algunas de las rolas del setlist de Marcovich, sin olvidar aquel solo a la batuta de su pocas veces escuchada voz como cantante y en su versión de “Mother”: “mother should I trust the goverment?… Mama´s gonna put all of her fears into you, mama´s gonna keep you right here under her wing”.

Al final y entre bromas y permisos solicitados al público, Marcovich tiró de la banda de la psicodelia y tras bambalinas, escuchamos una propuesta más minimalista y punkosa: “Nada qué decir”,  que cantó sin cesar el virtuoso guitarrista para darnos una muestra de su nueva propuesta musical.

Por si fuera poco, escuchamos de nuevo “Shine on your crazy diamonds” y Marcovich, acompañado de su gran banda, nos hace sentir que formamos parte de los ensayos, de la repetición y de la perfección que significa sentir la música y llevarla a las mesas auditivas de cada hogar.

VagabundosMX ¡prepárense para la próxima y sigan acompañándonos en nuestro andar por las calles y plazas sonoras!

 

 

 

 

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