Bajofondo: La colectividad de un Tango electrónico festejado en El Plaza Condesa

Reseña: Gabriela Estrada
Fotos: Yunuén Velazquez / OCESA

Noche de Jueves, tráfico hasta la monja. Día Godínez… y el respiro se inhala a Bajofondo.

Grupos de hombres, parejas de amigas, bandas de cuates y solitarios como yo, merodean el escenario de El Plaza, esperando a que el milagro se vuelva materia y nombre: Santaolalla.

Bajofondo toma escena, Gustavo Santaolalla causa furor entre sus fans: a guitarrazo limpio, la fiesta entre el acordeón, el sintetizador, el violín, la batería y el contrabajo, dan paso a ese gustado tango electrónico inigualable.

Un velo en blanco y negro nos acompaña, donde las mezclas de la tornamesa encienden los pasos de baile; estruendosos biiiiz y caricias efusivas al contrabajo al ritmo del acordeón, levantan ánimos, al tiempo que un buen piano enamora.

Tras la pequeña pantalla de la cámara que filma el concierto, miramos pasar al músico de raíces Uruguayo-Francas, Luciano Supervielle, quien secretamente festeja su cumpleaños.

La gran escena nos hace saber que esta banda disfruta su chamba en cada apasionada ejecución y en contraste suena “Pena Mi Corazón”.

A lo largo de la jornada musical, la agrupación conformada por Argentinos y Uruguayos, destella éxitos de su último disco producido en 2013, Presente, invitando siempre al beat entrepiernado, al acelere: al beso apasionado y re contemporáneo.

El rap se vuelve anfitrión, las rimas marcan actitudes y estados de ánimo al son de milonga, al tiempo que el tecladista toma la batuta del micrófono, practicando efusivas rimas rapeantes. Santaolalla a voz pelada, enmarca los ritmos mezclados de la inicial milonguita.

Martín Ferres se queda a cargo de la ejecución del bandoneón, ese gran instrumento extensivo tan particular de la cultura popular Argentina, Uruguaya y Lituana, que detona sorpresa y que va subiendo la piel a sinfonías como suave media de seda. Texturas eléctricas y suaves movimientos que se esparcen por el cuerpo, que jalan las orejas, que silencian al humo.

Gustavo, a son de ukulele, habla de los estudiantes muertos y la vida de los asistentes se vuelca en un soundtrack con tonos de “Diarios De Motocicleta”.

“Lluvia” cae en El Plaza, limpiando almas y las calles de la ciudad; hilos de luz sostienen a Martín Ferres y los seis integrantes restantes de la banda fungen como bambalinas a toques de chubascos y de besos que se prometen en el aire.

La figura del gran Gustavo Adrián Cerati es venerada con “El Mareo”, para después escuchar “El Feo” y “Perfume”.

En ausencia de la vocalista Verónica Loza, Adrián Sosa (batería), Javier Casalla (violín), Juan Campodónico (compositor y DJ Set), Martín Ferres (bandoneón), Luciano Supervielle (piano y scratching) y Santaolalla, se despiden entre caravanas al respetable.

El festejo se hace eterno y el concierto, termina.

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