Bowie: El Soundtrack de Nuestras Vidas

Por: GabaMaiden 

Evaluado por la crítica más dura de la revista de música en línea, Pitchfork, escucho el Lulu, álbum que Metallica grabara con Lou Reed en el 2011. Mientras, me preparo para por fin poner en marcha la crónica de quien hoy es dueño de nuestro dolor colectivo en materia musical; David Bowie.

¿Quién no amaneció con la fea sorpresa? ¿A quién no lo abrazó la ausencia y la sed de un concierto suyo aquella mañana del 11 de Enero? He de confesar que es una de las notas que más me ha costado escribir. Bowie, como bien lo anunciaron miles de carteles en su natal Brixton, era parte del soundtrack de nuestras vidas.

Tipazo inglés, un sujeto nacido bajo el nombre de David Jones, cambió a temprana edad de piel y de identidad para hacerse llamar David Bowie y con ello evitar ser confundido con Davy Jones de la agrupación The Monkeys allá por el año de 1966.

Bowie, quien inicial y aparentemente sólo fuera un joven cantante de rhythm and blues de raíz inglesa, será hasta el fin de los tiempos referencia en varias escenas, en donde la moda, el cine, la música, la sexualidad y el teatro, conforman la enorme paleta de colores de un hombre que vino de las estrellas.

David, El Colaborador

Más allá de la ilusión de vivir de una promesa de extensión a su existencia, Bowie entregó todos sus demonios a su audiencia a través de sus últimos trabajos; Lazarus, producción teatral para Broadway y Blackstar, álbum que saliera a la venta tres días antes de su muerte.

El día en que las pelotas y el mundo se les esté cayendo a putazos, recuerden que “la reinvención es la solución, inclusive hasta en la muerte”. El director artístico del New York Theater Workshop, James C. Nicola, fue uno de los muchos colaboradores que, aunque cercanos a David Bowie, no sabían absolutamente nada sobre su enfermedad. Bowie no se refugió ni en sus recuerdos, ni en su casa, trabajó hasta el último minuto por su inmortalidad y con su gente.

La Cultura Popular Escrita en Vinilo

Calidad superior de sonido, añoranza de los buenos tiempos para otros y un simple objeto llamado deseo, es el formato de disco en vinilo. Sin embargo e independientemente a la postura que cada quien guarde sobre este formato de grabación, el vinilo continúa siendo un museo andante musical, en donde la cultura popular se ha escrito desde diferentes escenarios y lenguas.

Si quisiéramos acercar el rock a todas las formas artísticas, podríamos ir al Tianguis del Chopo y agarrar parejo con estos formatos de los discos bowieanos, desde el Space Odity (1969) al álbum Low (1977) y disfrutar del auge del sonido a través de canciones memorables, caminando paso a paso en el sentir de una humanidad desolada, pero adicta a la poción curadora de un Major Tom, que en su tiempo ahogó al David anónimo y lo impulsó para estar junto a músicos como Jagger, Dylan o McCartney disfrutando de la escena.

“…una vez en el cine nos recordaron tomar nuestras pastillas de proteína y ponernos nuestro casco… and the stars look very different today.”

Entre toques latinos, 1970 se encontró de cara a cara con “el hombre que vendió al mundo”, ¿Les suena contemporáneo? Siempre lo será, bajo la voz de Kurt o de unos riffs chingones a la Rebel Rebel.

Si les falta punch nada más habrá que pensar si hay vida en Marte, mientras escuchan el Hunky Dory, track 4 y se dejan llevar en la balsa del glam rock del 71 al ritmo de un piano cabaretoso de Rick Wakeman.

¿Andan de fiesta? Bailen cadenciosa e intencionalmente con sus favoritos y vuélenles la cabeza con Starman”, a toque bizarro y con pasos chiquitos que los lleven a conocer a Ziggy Stardust! The Spiders From Mars, ex banda de Bowie, se los redituará.

Justamente el alter ego que David tomó, al hacerse de Ziggy, fue el de un rockstar, en específico Vince Taylor, cuyo gran amor propio lo llevó a presentarse como hijo de Dios. Acá la rola que este cuate narcisozo escribió, covereada por The Clash:

El funk no puede faltar en la vida de nadie, menos la fama:

¡Bailen bastardos! Sean los héroes de su propia reinvención…

Pasado este sabrosón dance rock del segundo álbum más vendido en 1983, después de Thriller de Michael Jackson, hablaremos en breve de los más de 40 años en los que David influyó en la ruptura de distintos códigos.

Sex Appeal

A través de la moda, este cantante inglés transgredió barreras en diferentes circuitos, en donde su combinación de estilos, texturas, colores y prendas, asombraron a diseñadores de la talla de Jean Paul Gautier, Givenchy e inclusive al marroquí Albert Elbaz. Revistas de moda del corte de Vogue, a propósito del acaecimiento de Bowie el pasado 10 de Enero, hablaron del legado que éste dejó en materia de estilo, destacando el gender blending, en donde el toque andrógino abrazó a la diversidad cultural, mientras la sastrería oversized y las transparencias siguen siendo metáforas y ceremonias en honor a un tipo que no conoció el pudor y sí, el sex appeal, a través de sus looks bohemios, hippies, onda glam rock y hasta bodysuits.

Actor, diseñador y creador de grandes producciones como Transformer (para Lou Reed), Bowie inmersionó también en el teatro, a través de montajes que organizó e implementó en sus conciertos bajo el alter ego de Ziggy Stardust con el apoyo profesional de Lindsay Kemp, maestro, mimo y coreógrafo británico.

En el cine, su imaginación y talento refrendaron su pasión por el espacio estelar, en rodajes como “The Man Who Fell To Earth” (1975), la combinación de la moda del glam rock y los efectos visuales en “Labyrinth” y su personificación en la ciencia a través de “The Prestige” (2006) en donde interpreta a Nikola Tesla, por mencionar algunas de las 20 películas en las que aparece.

El mensaje final de David Bowie, después de vivir casi un par de años diagnosticado con cáncer de hígado, puede interpretarse como el de un artista de corazón y mente imparable, quien, a través de sus últimas obras, resucita día a día como el personaje bíblico de Lázaro o siendo la estrella negra de cada noche.

 

Hasta siempre querido Bowie

Fuentes:  BBC News, The New York Times, El País y La Nación.

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