Como Agua Para Chocolate de Laura Esquivel

Arcano

Existen ingredientes amargos en esta vida. Con sabores complejos, suelen ser un gusto adquirido, y  su mezcla  amerita una cuidadosa moderación. La pasión y la ternura son iguales, como los clavos de olor y el anís, la pimienta y el chocolate puro.

Como Agua Para Chocolate hornea un pastel con una relación que siempre había sido bastante formal, es decir, la historia mexicana, la cocina tradicional y la literatura respectiva. En la que cada plato es una emoción nacida directo del corazón de nuestra protagonista, Tita.

En un batido delicioso entre la memoria de una típica obra costumbrista y unos efectos de lo real maravilloso, cada platillo, cada capitulo, hace que cada probada segura, desencadena una anima en la mente, o el cuerpo de su desprevenido comensal.

Probar literalmente la carne blanca en pétalos de rosa, y elevar el éxtasis y la gallardía de su hermana Gertrudis, o la tristeza glaseada del pastel de bodas que nunca le pertenecerá  a Tita, tradición cruel, en la cual no podrá casarse hasta haber muerto su madre.

Es otra línea de tiempo contada en un presente lejano, sobre un pasado que se resiste a dejar de ser cercano: la antigua revolución mexicana. Una mujer que no  puede amar por tradición, un hombre (Pedro) que se casa con su hermana solo para estar cerca de ella.

Hay un elemento nostálgico en las letras de Laura Esquivel; es como si nos diera coraje que una persona, aun siendo nuestra madre, nos prohíba una emoción tan fundamental como es el amor, y el coraje mayor de saber que la hija Tita se resignara a obedecer.

Una maldición que amenaza con perdurar a la siguiente generación, como la fuerza estricta de una madre como mama Elena, seguida por una hija como Rosaura, y destruido por el dulzor de un guisado principal como es el Chile en Nogada.

Poco tiempo después de la publicación de este guiso, salió su versión de comida rápida de parte del director Alfonso Arau, el entonces marido de Laura Esquivel, llevando rápidamente la memoria culinaria a un gran éxito.

Aquí el único problema verdadero es lidiar con el hambre, y la sugestión de que tu próxima comida pueda contaminarte con alguna emoción inesperada, el resto es un dilema, una insípida y decepcionante historia de amor, o un delicioso reflejo de una  técnica culinaria que ya no existe.

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