Don Juan Tenorio de José Zorrilla

Arcano

Intenso como un cigarro de calidad; como tal, breve y perecedero, reflejo de una vida llevada por el exceso de la voluntad personal. Descaro, culpa y muchas peripecias enmarcan a Juan Tenorio en su intrépida vida.

Con diálogos rítmicos y salvajes, José Zorrilla nos avienta diversas interpretaciones sobre el poder del alma sobre la oscuridad propia y la redención infernal, salvoconducto para el perdón divino, moral, pero no anticuado, fresco y simpático aun después de tanto tiempo.

La traición hacia el padre, la destrucción del la inocencia del verdadero amor,  los mejores desplantes de libertinaje y una apuesta con Mauricio Mejía digna de la juventud descarriada de cualquier época.

Y por otro lado a Doña Inés, típica representación de las gracias divinas en la forma femenina, elevada al inicio y después por su fervor  pero también por su profunda decepción hacia lo que ella había creído como el inicio de una nueva vida.

Como estamos mencionando teatro, la imaginación de lector juega un imprescindible papel para definir las atmosferas que deseas transmitir el autor, como también las posiciones y perspectivas que deben tener cada uno de los actores.

Mirar creativamente el concepto del dramaturgo y no pecar en la perdida de sus simbolismos, como en este caso particular en los cuales el fuego es el eje de toda la representación, y resalta a José Zorrilla para la posteridad.

Un fuego vivo que inflama la pasión, una llama de cólera que desencadena un desastre, brasas que consumen los pecados del corazón y una fuerza solar que abre la divinidad al arrepentido. Y a pesar de todo lo anterior esta nos es una obra dramática.

Cada escena es encantadora por su jocosidad y su peripecia, no es hasta los jardines sacros que el viaje de nuestro protagonista se torna moral pero intensamente vivido. Lo que esperamos de un hombre que reto a su mejor amigo a sumarse méritos en eso de ser un completo canalla.

Las rimas despiertan en al lector cierto glamour en ser una persona cínica y aventurera. Sin complicaciones o discursos filosóficos predeterminados, solo una línea que nos entretiene y es la sagacidad entre líneas la que nos despierta la maestría de esta representación.

Como casi todo el teatro, los libretos están diseñados para que una personas se las aprenda y el ancho de esta lectura en particular, facilitara mucho su comprensión; una gran manera de iniciar a leer el arte dramático.

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