Drogas Psicodélicas y el Daño Ecológico

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Por: Arcano

Cada tantos años regresa una de las formas más ridículas y dañinas de estar a  la moda; me refiero al abuso de alucinógenos presentes en la naturaleza.

Fue durante la década de los 80 cuando un investigador extranjero documentó los usos medicinales que realizaba la señora María Sabina con sus “niños”; hongos de alto poder psicoactivo que originalmente servían para sanar y tener un acercamiento verdadero con Dios.

Lamentablemente la pobreza, aún presente de los valles de Oaxaca y la popularización chaira de estos, provocó que en menos de una década la zona completa se convirtiera en un foco rojo donde cárteles organizados explotaban a los indígenas zapotecos para conseguir aquellos hongos que significaron, a inicios de los 90, un negocio muy redituable en la Ciudad de México, especialmente en los mercados de la Merced y Sonora.

También dañó los microecosistemas en los valles debido a que la mayoría de los hongos cumplen la función de degradar la materia orgánica y retener agua. Muchas zonas en cuestión sufrieron desertificación, ya que perdieron sus método de reciclaje natural.

Poco tiempo después, como todo pasaría de moda, se presentaría un nuevo objetivo, el peyote; un ingrediente ancestral que siempre ha estado en los usos y costumbres de la comunidad huichol.

La preparación de esta planta también produce estado alucinógeno, lamentablemente ésta tarda cerca de una década en crecer, al ser una planta de regiones áridas, su tasa de crecimiento y reposición es muy lenta. Hoy en día la situación del peyote se considera vulnerable, ya que es muy fácil ver uno creciendo en el suelo y simplemente arrancarlo.

Lo peor para muchas de estas plantas de carácter psicotrópico es que no están contempladas en sus años de mayor auge dentro de la ley de estupefacientes. Lo que las vuelve un objetivo muy lucrativo a causa de su laguna legal.

Eso mismo es lo que está pasando ahora con la ayahuasca, una liana que crece en las selvas más profundas adherida a otras plantas y su distribución original es de Chiapas hasta Paraguay. Esta planta ha sido parte de los indígenas peruanos por siglos y al igual que los casos anteriores, está sufriendo una rápida disminución por la simple moda de unos cuantos hipster.

Entonces, si les ofrecen, rechacen, ya que lo más probable es que haya una estela de pobreza, daño ecológico y marginación detrás de esta. Es importante dejar claro que la búsqueda de experiencias alucinógenas es una de las más ridículas de la actual sociedad postmoderna.

Es decir, no van a la iglesia, de la religión en la que les tocó, nacer pero consumen una especie viva para acercarse más a ¿Dios?, ¿Insultan y vulneran las tradiciones de comunidades indígenas por tener unas cuantas alucinaciones?

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