El hombre sintetizador da un gran salto: Zurdok en el Metropolitan

Reseña por: @GabaMaiden
Fotos: OCESA / Lulú Urdapilleta

En una anhelante noche de viernes, Zurdok volvió muy en onda “happening”, como aquellos que se celebran en el buen Ex Teresa, tomando escena en el clásico Teatro Metropolitan.

A efectos tridimensionales, una de las bandas más representativas de la famosa “avanzada regia“, llevó a los asistentes hacia el interior de una ilusión, que en diferentes capas simuladas, lienzos, bambalinas y pantallas, despertaron un viaje onírico del 97 al 2014: ¡el Gran Salto!

Con actitud del norte, sintetizadores y juegos de luz, Zurdok cargó en cada acorde y sobre una balsa musical a todos sus fans, haciéndolos sentir parte de todas sus ejecuciones, entre clásicos electrizantes que no a pocos llevaron de vuelta hacia los puertos del pasado.

En trance, la imagen de una mujer de fondo, hipnotizaba al son de oscuridades y secretos vertidos en las rolas, bajo la batuta de Chetes -voz, guitarra, teclados, sintetizadores-, “Rojo” García -batería-, David Izquierdo -guitarra-, Mauricio Terracina -bajo y vocales- y el recién reintegrado Gustavo Mauricio “Catsup” -teclados, sintetizadores y guitarra- .

De principio parecía que varios de los treintones asistentes habían olvidado prenderse en un concierto ¡de su banda favorita! Sin embargo, Chetes al piano dando ese efecto clásico que distingue Zurdok, dio el toque electrizante, paso a paso junto a su crew, pegando recordatorios imaginarios, sabiendo por qué  Zurdok es una de las agrupaciones más afamadas de México desde finales de los 90.

Corriendo cortinas de luces tornasol, escuchamos “Amanecer” a la voz de Mauricio Terracina -ya avanzado el show y la noche-, que aunque melosa, se movió muy al estilo de estos regiomontanos rockerosos.

Cada vez más surreal, más cercano a lo cósmico, una interferencia en el ambiente sacó de onda ¿fans agitando las manos y no agitando la melena al aire? E igual otro momento muy esperado  fue la ejecución de “Gallito inglés“, que a pesar de ser muy coreada por los fans de aquella noche, a algunos los dejó en el asombro  y a otros con la sensación de que esa voz gutural que tanto nos prendía en la secu y en la prepa ¡se había ido por la borda! -a excepción del buen fondo musical-.

Por lo demás, fue una noche perfecta en la que apareció Alfonso André cantando a dúo con Chetes “Cuántos pasos“, para después imprimir su sello “caifán” en la bataca con “Tropecé“.

Lo efímero bajo la ilusión de la vida, se incendió en el tiempo, junto con los recuerdos que se fusionaron en ambiente acústico, bocetos, figuras geométricas, ciudades a la Aldoux Huxley y abismos espectaculares de sombras que nos recordaron una iluminación en escena al corte de Grand Funk.

Sin duda, a pesar de que el concierto se nos escurrió entre las manos, cada evocación evaporada en la alegría de los fans de Zurdok, tuvo su ceremonia desde su inicio con “De llegar al final” y “Abre los ojos” ” -de su álbum del 99, “Hombre sintetizador” hasta “Nadie te quiere ver” -del 97, cuando aún se presentaban como “Zurdok Movimiento“-.

La celebración continuó, enmedio de giros entre músicos e instrumentos, sellando ritmos con una magia distinta, bajo ese estilo único que varios amamos y que así seguiremos haciendo, entre sonrisas cómplices, un sin fin de viajes con ese fondo musical y esa voz inconfundible que nos paseará entre los noventas y este avanzado milenio: Zurdok.

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