El Señor De Las Moscas de William Golding

Twitter: Arcano

El Señor de las moscas es un dios hambriento de terror, nacido de la podredumbre de la civilización. Vestigio monstruoso de la dolorosa necesidad de creer que existe algo más allá que el hambre y la sed.

Este decidió aterrorizar al pequeño Simón, hablo por la cabeza empalada de una cerda, uso de morada un cadáver maniatado en cuerdas y llevo a sus desesperadas victimas al borde de su raciocinio.

Se deleito al ver como la miserable estructura de los seres pensantes, se venia abajo a pedazos, como la violencia supera a la inteligencia, por  el simple hecho que la primera mata con mayor efectividad y prontitud.

Observo desde el inicio como los vanos intentos de Ralph por crear orden se pierden en la elocuente y enferma hambre de poder de Jack, como tarde o temprano la histeria prevalece en favor del segundo y este arrasa todo con tal de consolidarse en la cima de su castillo

Como la comprensión es masacrada por el placer del sadismo, la caracola que muere debajo de la roca, la impregnada mancha en la conciencia de todos los presentes, el desenlace y el llanto. Piggy y Roger.

Angelitos que cayeron del cielo, se comieron sus alas y destruyeron la única posibilidad para sobrevivir, paradoja que el final procuraría su salvación, y con ello, la devastadora vergüenza que vendría después.

A diferencia de mi estridente descripción, El Señor de las Moscas es una lectura muy escueta, sin pretensiones sensacionalistas, ni planteamientos innecesarios. Solo una descripción de sucesos lógicos con resultados inevitables. Las conclusiones las hace el lector.

William Golding no tardo mucho en convertir su primera publicación en un inesperado éxito. Participante en el desembarco a Normandía de 1945 por la naval británica durante la segunda guerra, conoció de cerca los alcances de la bestia humana.

Pero su verdadera inspiración vendría de su vida como civil. Antes y después de la guerra William Golding se desempeño como maestro de primaria, lo cual, le daria los argumentos de  su escalofriante tesis.

¿Uno nace malvado o uno se hace malvado?, o solo es la propia colectividad que nos controla de nuestra salvaje realidad individual. ¿Sera que solo necesitamos una situación de la que no podamos escapar para revelar nuestro infame potencial?

Es anecdótico cuando años después un reportero le pregunto; – ¿Cómo  pudiste plasmar tan bien  a aquellos mounstros? ¿Se debe a tu experiencia en la guerra? – A lo que William Golding le respondió – ¡Bromeas! Da clases por veinte años, eso si te inspira –

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