El Viejo y El Mar de Ernest Hemingway

Twitter: Arcano

La vida es muy corta para no leer a los clásicos. Habrá opiniones encontradas, pero hay algo innegable; la capacidad probada que tienen estas obras para transformar el corazón de sus lectores.

Y una historia con un gran poder para transforma corazones es El Viejo Y El Mar, y en especial, por que los azares del destino le confirieron a la misma tinta dos almas literarias, diametralmente distintas pero igualmente validas e inspiradoras.

Para comprenderlo hay que empezar por la estructura; bastante básica, por que Hemingway nunca fue un escritor de enredos, sino uno de acontecimientos llevados a una vividez inimaginablemente real,  pero increíblemente poética.

Santiago es un hombre que después de flotar por el mar de los sargazos por más  80 días  atrapa en el anzuelo al mayor reto jamás imaginado; un pez monstruoso, símbolo de todas las barreras existentes en la vida.

Una lucha que lo sobrepasa, una batalla dolorosa y larga que hacer retornar a su memoria los barcos de su juventud en la costa africana, la mala suerte que había tenido hasta entonces, y a Manolín, su mano derecha  y único amigo verdadero.

Una pelea donde ira perdiendo tanto fuerza como recursos, conforme la naturaleza y los tiburones lo confronten; todo en soledad,  sin el único quien lo procura,  quien no pudo acompañarlo por que sus padres le prohibieron ir con un pescador con tan mala racha.

Esta es la línea  general;  pero lo destacable es el punto de ruptura de sus dos interpretaciones, la cual aconteció seis años después de su publicación, cuando en 1958 Hollywood  lleva a la pantalla grande este titulo con gran éxito.

El problema surgió con el tratamiento de los personajes; si uno analizar el contexto histórico, resulta que el  Manolín de Hemingway tiene mínimo 21 años, mientras que en la película como en todas las adaptaciones y reediciones posteriores  el personaje es apenas un tierno niño.

Eso explicaría por que Santiago sufre tanto la ausencia de Manolín en una peripecia tan peligrosa como la pesca con un bote en altamar, donde herramientas punzocortantes, cuerdas pesadas y mucha fuerza física son fundamentales para  la credibilidad de la historia.

Esto derivo inevitablemente en sus dos interpretaciones; convirtiendo Al Viejo Y El Mar en un básico de la literatura infantil, enfoque que en retrospectiva solo le ha beneficiado a la obra, pero que es inútil cuando deseamos comprender las intenciones del autor.

Así que tenemos dos ángulos: el Santiago viejo y obstinado con problemas tanto de desnutrición como de insolación, en un bote frágil en medio de un mar inclemente; y el Santiago experimentado, un temerario que no dejara que el mar  le quite su honor.

Y todo originado por la malinterpretación de un solo personaje:  Manolín que puede ser el niño curioso, motivado por la voz de la experiencia o el joven duro pero bondadoso que espera con preocupación a que su amigo regrese de su descabellada hazaña.

Pero algo queda claro, sin importar quien lo lea o como se lea, El Viejo Y El Mar de Ernest Hemingway es una obra maestra que evoca un profundo respecto hacia la naturaleza y a la pericia del hombre contra la adversidad.

Solo hay un problema a considera; al ser una historia de dominio público muchas editoriales han hecho puras porquerías en las reediciones, si vas a leer este libro, busca una o dos tapas con buen prestigio y compara los textos.

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