“Eragon” de Christopher Paolini

Por: Arcano

Tengo problemas serios con este libro; la primera, es el hecho de ser un best seller cuando no existen razones lógicas para que así fuera y segunda, por que despedaza las reglas aristotélicas más fundamentales de la literatura fantástica.

Comencemos; el argumento es un relato épico muy común y (como si lo mejor de la vida se redujera a ese lapso) un dragón como elemento de poder (desde Baloo hasta Pikachú) en una aventura contra las fuerzas del mal.

Voy a lo que me interesa; el arco aristotélico, término dominguero que describe las reglas inherentes a la existencia perceptible, como la gravedad, la ignorancia y el PRI. En una fantasía es tanto el pilar como el elemento más crucial.

Veamos un ejemplo; si en Harry Potter alguien hubiera sacado un revolver, aún siendo este un revolver mágico ya no tendría lógica la prevalencia de la varita mágica, ni toda la estructura en la ficción de Rowling.

Lo que pasa con la leyenda de Eragon es esto, una fantasía desordenada que acaba por ser demasiado fantasiosa, valga la redundancia, delatada de manera muy sencilla. En el grosor del libro aplicamos la siempre correcta frase “más es menos”.

Esto es lo que sucede; el autor, en este caso el aún chavo Christopher Paolini, ve un sueño, una aventura, quiere y desea que su visión sea vista por los demás, se excede en descripciones y alegoría terminando por darnos tres tabiques  difíciles de digerir.

La fantasía no son enchiladas y hasta éstas tienen su chiste.

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