Fotos y Reseña de Melt Banana en el Festival Aural

Fotos: @puentechato
Reseña: @Futuroll

Las ideas insospechadas del festival Aural nos transmiten a un número notable de propuestas emergentes de la música alrededor del mundo. ¿Emergentes? No necesariamente, pero conocemos a un porcentaje mínimo de agrupaciones en este festival, el restante, podemos darnos el lujo de verlas por primera vez en recintos muy especiales dentro de la Ciudad de México. Un día antes de la clausura, se presentó de nueva cuenta en la ciudad, la agrupación japonesa Melt Banana; que en su anterior visita, aún contaban con uno de los varios bateristas que han desfilado por su alineación.

El Casino Metropolitano, es un lugar no apto para conciertos y mucho menos para uno de este tipo de bandas, pero cuenta con un ambiente muy peculiar que actúa en base a las intenciones principales del festival.

Para comenzar la  noche, los mexicanos de Monosodic ejecutan sin parar temas que hacen que me aburra desde el principio que entro al recinto. No puedo catalogar a esta agrupación que no cuenta con acordes complejos que puedan ayudarme a ubicarlos por lo menos en algo experimental. La idea similar con los asistentes era de suponer que nosotros tocaríamos en el escenario y sonaría exactamente igual a ellos. Creo que a veces no es necesario ubicarte dentro de la experimentación para ser desconocido y bueno.

Tocaba el turno de Coso, banda argentina que no entendí su intención conflictiva de estar en el escenario tratando de pelearse entre ellos mismos o con su actitud arrogante. Poniendo de lado sus malas caras con la de ejecutar sus instrumentos, puedo decir que esta banda cuenta con un sonido más estructurado que los anteriores, algo más cercano al noise pop de Nueva York o California. En un momento casi por terminar su set de 25 minutos, los dos integrantes hombres bajaron a la pista a proporcionar ruidos de manera sin igual, que conjuntándolo con la estructurada batería, hacían que el sonido se distorsionara tambaleantemente. ¡Ah sí!, son una banda noise.

Ya con los oídos un poco lastimados, me doy a la tarea de improvisar con papel y saliva unos tapones que me ayudaron a no salir sordo de ahí. Entrados, calientes y siguiendo con problemas de organización y técnicos; sale al escenario el baterista Brian Chippendale, mejor conocido como Black Pus. El integrante de Lightning Bolt, además de pelearse con los amplificadores y su computadora, presenta un sonido bastante entrelazado con su headset que ponen a dudar su sincronía. Un sonido que me cuesta ponerlo en el hardbop pero que cuenta con mi gusto para no confeccionarlo con los sonidos sin ritmos convencionales. Su estilo groove de tocar, le sube la energía a los presentes que sin lugar a dudas salieron con bastantes golpes de la pista. ¡Fascinante!

Después de otros extraños problemas con el sonido, recibimos a los japoneses Yasuko Onuki e Ichirou Agata. El último, con su clásico cubre bocas que impide que veamos sus fluidos de sangre por las fosas nasales. La banda venía a presentar su doceavo álbum titulado Fetch (2013) que cuenta con sonidos más cercanos al noise pop y más alejados al noise punk estruendoso que traían desde hace 20 años. La energía y la potencia siguen siendo igual de sorprendentes, a pesar de contar con casi todos los sonidos fuera de la guitarra dentro de una computadora y una especie de consola de video juegos. La inconfundible voz de Yasuko Onuki, como sabemos, le da el toque pop que caracteriza a la banda y la rapidez de Ichirou Agata no es menos apreciable.

A lo largo de su set, que duró exactamente una hora, escuchamos inconfundibles temas como “Chain-Shot To Have Some Fun”,  ”Cat Brain Land”“The Hive” y “Vertigo Game”. No fue una lista corta de temas, absolutamente todos salieron con sudor en su cuerpo aunque no le hayan entrado a las patadas y empujones, así que la alteración que transmiten los Melt Banana, habla por sí sola. Después de su Encore, salen para despedirse con el tema actual más famoso, “Candy Gun” y una interpretación de “What A Wonderful World” que para mí no fue del todo buena, muy a su estilo y con dificultades para cantarla.

En fin, una jornada larga con propuestas locas y desenfrenadas y otras más de culto con audiencia explosiva. Una visita de los japoneses que ya se extrañaba y por supuesto de las dos mentes maestras de la agrupación que pasarán a la historia dentro de su género sin herederos por definir.

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