Frankenstein de Mary Shelley

Nacer del mal, la demencia, ser la ejecución de las más perversas intenciones ante dios, aterrorizar a las masas y demostrar el poder humano; uno de los fines por los cuales Victor Frankenstein creo a esta creatura.

Lo curioso es que más allá de lo que podemos pensar y de todo lo que la cultura popular no ha mostrado, esta historia tiene un mensaje muy claro; nosotros somos la cosa más aterradora que existe. Todo de la mano de la pluma de una mujer.

En una época en la cual ser escritora era un desafío a todo lo establecido y no como ahora, una forma de liberación de las fantasías emocionalmente discutibles de la autora, Mary Shelley, indago en la monstruosidad con una sensibilidad nunca antes vista.

No es como leer Drácula u otros victorianos posteriores donde el concepto de la sumisión y las escenas sacadas de una historia de vaqueros era el factor fundamental, inevitable en una pluma masculina, Frankeintein es un acto de innovación.

Un argumento valido para la filosofía gótica, no es necesario ser perversos para ser una creatura que se mueve en la oscuridad, el amor a vivirá pesar de la deformidad, y la paternidad misma vista en su mas grotesca y emblemática forma.

Al inicio se llamo la obra también, “El Prometeo Moderno” ya que igual que el mito griego, solo los dioses tenían el derecho al fuego, hasta que fue concedido por Prometeo; ahora es un científico que desea arrebatarle el poder de conceder la vida.

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