La Exposición de Bellas Artes, Lo Que Deben Saber

Por: Arcano

Por $49 disfrutarás de obras maestras que son tan increíbles que, México, para conservarlas, tendría que a dar a cambio el estado de Monterrey con todo y su población. Al final no te vas a arrepentir, una larga y gratificante experiencia, repito, por $49.

Lo importante es ser entusiasta, el reloj marcaba las 11:18 a.m. cuando me formé y tenía todo un día por delante, nuevos amigos, contemplar el transcurso del mundo a mi alrededor y así maravillarme con el dinamismo del Centro Histórico.

A la 13:58 p.m. ingresé motivado, compré mi boleto y recibí una calcomanía que pegué al instante en mi pecho, ésta identifica tu horario de ingreso a la exposición, en mi caso, a las 15:00 p.m. Mientras tanto, me di la oportunidad de tomar una bebida y admirar la Alameda.

Una guía al lado de la taquilla informaba a los visitantes que lleguen con 10 minutos de anticipación y que por ningún motivo se podrán tomar fotos, nada de selfies y nada de congestionamientos en la obras de arte; una decisión acertada que proveé de elegancia y magnificencia a la experiencia.

Durante los minutos admirando la fachada del icónico recinto, noté la ausencia de la fila para ingresar, los organizadores habían ya repartido toda la capacidad disponible para las dos exposiciones del día.

Volví a formarme afuera del Palacio de Bellas Artes media hora antes de lo citado, ingresé en punto de las 15:00 p.m. y la fila se volvió a organizar. Otra guía se dispone a procesar tu boleto y recomendar a los visitantes con paquetes grandes, liberarlas.

Subí al primer piso y maté el tiempo leyendo a Platón en las tres nuevas filas que se hacen para el arco detector de metales. En cómodas tandas de 10, uno pasa y espera un poco en la verdadera entrada a la exposición, lo que fue justo a las 15:35 p.m.

Miguel Ángel, el Cristo más exquisito que jamás verás; tallado en una piedra irreal, una veta negra que te arrasa, no se puede describir, se mira y se mira y no se puede describir. Cada boceto y cada parte del cuerpo parecen una ejecución acabada de la más monstruosa calidad.

Todo el arte novohispano fue lechuga picada sin aderezo al lado de la más minúscula obra de Miguel Ángel, mientras en Leonardo, lo señorial exalta en sorbremedida a quien sea, están obligados a mirar atentamente, acercarse al detalle sobrenatural del genio.

La distancia es exacta, la luz es perfecta, Leonardo asombra. La luz infesta de la piedra es el único comparativo con las sobras en las líneas en el papel. No importa que los hagan fluir por los recintos, nunca jamás tendrán la oportunidad de ver las obras juntas, hablo de las italianas, las demás son del archivo del Soumaya y del San Carlos.

Cuarto para las 17:00 p.m.

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