La Ingrata Tendencia

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Por Arcano

El arte es como los hijos, y más si lo tuviste de chavo. Te responsabilizas de ellos y los aprecias con todo y sus defectos. ¿Cuantos pintores, escritores, cineastas, guionistas y creativos en general no han exaltado la violencia, la perversión y las bajas pasiones?, ¿A poco empezaran a pedirles a todos que se autocensuren? Esto es Fahrenheit 451 aplicado a la música. Y pasa por no distinguir la libertad del arte como canalización de las limitaciones de la realidad.

En Fahrenheit 451, Ray Bradbury nos llevas a un futuro distópico donde los libros son quemados por que estos “angustian y deprimen” a las personas. Un mundo miserable sin poesía, que lleva a sus últimas consecuencias el concepto de lo políticamente correcto.

Esto nos habla de una terrible enfermedad que desde hace varios años se ha diseminado por los diferentes campos del pensamiento creativo: La Moral. De Pier Paolo Passolini, a Paquita la del Barrio, pasando por Francisco de Goya hasta Corín Tellado, todos los autores han usado en sus obras el clímax  y la expectación que rompe lo bien visto, lo que es tabú, lo que nos da miedo vivir. De hecho el “romper con algo” es éxito del arte en sí, sin importar su calidad.

Y para bien o para mal el arte es una entidad viva, no se puede predecir sus resultados. Se dice que J.D. Salinger con su Guardián Entre El Centeno asesino a John Lennon y que las canciones de Marilyn Manson provocaron la Masacre de Columbine, e  incluso un tipo mato a su propia madre después de ver un capítulo de Los Soprano, seguramente estos autores se sintieron culpables pero ¿Negaron y castigaron su arte o su capacidad de ejecución? Pues no, se afronta la realidad y se sigue trabajando.

Pero me estoy dirigiendo a los extremos; en México formas igual de molestas y obstaculizantes del arte surgen en las simples expresiones de 140 caracteres, en una declaración dada al azar en una columnas de chismes frívolos, que ya sin deberla ni temerla explota en una avalancha de comentarios soeces y atroces sobre lo que “uno debería pensar”.

Ahora resulta que ya no puedes ser creador sino tienes una firme posición política, de izquierda de preferencia, tu creatividad pierde valor si te apasiona la tauromaquia, tus años de esfuerzo son en balde si aceptas como un hecho que para comer carne se tiene que matar un ser vivo. Pronunciar en público palabras como “indio”, “gorda” y “retrasado” se volvieron el equivalente a gritar “Lucifer” en una misa, con sus mismas consecuencias.

Se tiene que dejar muy en claro que el arte es ese lugar donde mandas todo lo que no puede pasar en la realidad, donde denuncias los que no puede acontecer, el lugar que queda de testigo del absurdo mundo que lo vio nacer. Todo el arte es una fabula, contiene lo peor del ser humano pero lo transforma en risas, aprendizaje y unos buenos tarros de cerveza.

Entonces: ¿Qué desoladora lección nos deja Café Tacuba ante tan enorme falta de respeto a ellos mismos?

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