La noche de Los Tres en El Lunario: un amor violento.

Reseña por: @GabaMaiden
Fotos: Iyali Avalos

La noche es una fiesta, un dulce sueño repetido, que comprime cuerpos, sudores, anhelos, pasado, presente y futuro: es la noche de la gran banda chilena, Los Tres en El Lunario.

Como si subieras al Delorian -cual un buen Mc Fly en Back to the future-, de nuevo calzas tenis cada día de la semana, jamás de los nuncas usas otra cosa que no sea mezclilla y Radioactivo es la estación de moda, la que marca pauta e ilustra tus días con las rolas más pegadoras, entre locutores jocosos, chistes y tardes de preparatoria.

Durante un atardecer de un domingo de Vive Latino, allá por el 98 aprox, entre miles de almas, pasas junto a las camionetas de las estaciones de radio y en una, te dan ¡el cassette de Los Tres!! Y la única rola que trae a manera de sampler es “Olor a gas”.

En un triz traz, estás de vuelta plantado frente al escenario del Lunario. La mente te llevó lejos, a tus viejos tiempos y ahora, los tienes justo cantando para tí y para toda la banda que se hizo amante de su gran estilo al mando de un buen rockabilly del son de la música folcklórica, de ese jazz y ese rock chileno que de poquito en poco te lleva a un twelve bar blues.

Con nueva alineación, Roberto “Titae” Lindl -contrabajo y bajo- y Álvaro Henríquez -voz, guitarra, bajo y piano-, recibieron a finales del 2013 al nuevo guitarrista, Sebastián Calib “Chiporro”, quien sustituyó a uno de los entrañables miembros fundadores de la banda, Ángel Parra.

En la batería, el gran jovenazo Boris Ramírez, también actual miembro de “Primavera en Praga”, aglomeró en cada batucazo esa nueva variación estilística y ese touch que Los Tres han buscado dar al refresh de sus rolas.

En stage, Los Tres  dieron inicio al concierto con “Somos tontos no pesados”, de su primerísimo álbum, para después seguirse de corrido entre tonos sintéticos, bluesozos y de rockabilly hacia un hipnotizante set list del que los Rebel Cats y Comisario Pantera fueron invitados especiales de la noche.

“La Torre de Babel” brilló entre líricas y composiciones diversas -de las que fue telón y abuela del más reciente sencillo de esta banda chilena, “Hey, hey, hey”-, llevándonos de la “Cárcel, hospital y cementario” hacia “Un amor violento”, al tiempo que Álvaro Henríquez – tocaba enfundado en un atuendo compartido a trío y a tinte negro-, convocando brujos y telépatas, con una playera de Blue Demon que se asomaba por su saco, mientras todos los fans, bailábamos al ritmo del excelente bajo de “Titae”, tarareando “Sudapara” ¡como un militar! ¡como un militar!

Un “Olor a gasss” se expandió en El Lunario, sedando asistentes  y en un “Cerrar y abrir”, pasamos a un ambiente de ese buen folcklor que caracteriza a la cultura latina en su música, ése que hipnotiza pies y piernas y los conduce al zapateado.

Entre efectos al mando del sintetizador y del acordeón, el “Chiporro”, no nos quedó a deber nada en la cuenta, dándole con ese feeling serio y de impacto a la guitarra, que de momento se congeló en escenario -¡literalmente!-, dejando tras él a su sombra, que como la de Peter Pan escapó y de vuelta trajo el final más rockero de “Gato por liebre”, entre batacazos y virtuosas guitarras con tres tipos al mando.

En un tributo al tributo, tocaron al estilo “tacvbo” “Déjate caer”, con coreografía y todo. Henríquez, súper histrioniquísimo y guitarroso, invitó al baile, a través de cortinas musicales de psicodelia y buen rockabilly, que más tarde y en dos regresos al escenario, tomó una postura norteñona, rindiendo culto a Los Tigres del Norte con “El jefe de jefes”, para después subir al trono al Príncipe de la Canción con “Lo que no fue, no será”.

En cierre sonó “Restorán”, mientras una fila de tenis tipo Converse danzaron por el escenario, entre botas rockeras, charol y gamuza, formando una imagen fraternal entre un público increíble, dos excelentes bandas mexicanas invitadas y por supuesto, la titular de esa noche, Los Tres.

VagabundosMX: Los invitamos a que adquieran el nuevo disco de Los Tres para conocer su nueva etapa y claro ¡a que sigan vagando con nosotros en nuestra futuras expediciones sónicas!

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