La Santidad de la Libertad

Juan-Pablo-II

Por: Arcano

Vamos a ponernos bien densos.

En un acto de inmensa vulgaridad, medios de toda especie e índole, han hecho su Agosto difundiendo la faceta humana de cierta persona, cuya trascendencia ha quedado marcada en los libros de Historia con una palomita.

¿Cuál es el tema aquí? Sólo contrastar la necesidad de la mayoría de los humanos por demostrar que nadie está exento de las costumbres y necesidades de nuestra especie; hacer fiesta porque no existe nadie que los supere y tenga el derecho de señalar desde arriba nuestros errores.

¿Qué nos prueba esto? Que la voluntad de la mayoría, de los que se creen civilizados, no radica en su compromiso con las acciones, sino poder disimular indignación y esconder al mismo tiempo la porquería por debajo de la alfombra.

Nos alimentamos, ya no de la suciedad ajena, sino de las posibilidades más puercas que nuestra frágil mente nos puede proporcionar. Usamos las normas que vomitamos como la regla para medir lo mucho que podemos juzgar a los demás.

Entonces, ¿Qué podemos esperar de nosotros? ¿Dejaremos realmente de molestar a las personas con otros gustos, otras razas y otras elecciones de vida? Si nada más estamos buscando deleitarnos con el juicio a las decisiones ajenas, ¿Cómo esperamos que respeten la ética propia?

Se agradece a la nota siguiente lo mucho que se puede hablar a la ligera de estos temas –> .

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