Los Feos Festivales

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Por Arcano

¿Se han fijado que en los últimos años ya hacen “festivales” para todo? Que si el del pulque con lucha libre, que el de jazz con brujería, que el de la unión de madres buchonas y ex alcohólicas. Es como si nuestra adoraba idiosincrasia tuviera explicita la capacidad de tomar una excusa, sacarla como se nos dé a entender y exprimirla hasta dejarla como una frase hueca y vacía.

¿Qué realmente imaginamos cuando escuchamos la palabra Festival? Doy un ejemplo real:

En algún momento extraño empezaron a proliferar las convenciones de anime, este Vagabundo muy cercano a ese mundo sabía que eran una gran oportunidad de negocios. Pero llego el punto en donde ya se realizaban hasta ocho convenciones al año, lo cual no hizo otra cosa que mosquear el negocio.

El problema no radico en la repetición del evento, sino a la falta de coordinación general de todo el concepto de estos, es decir, no representan nada especial para los asistentes. Nomás que un tianguis con los mismos locatarios vendiendo las mismas cosas con la única diferencia del cambio de lugar y el nombre del evento.

Y lo siguiente lo justifico. Por mediados del 2016, surgió el Festival de los espíritus del bosque, vendido como una experiencia cercana a la obra de cineasta japonés Hayao Miyazaki. Lo único que se vio fueron los mismos locatarios de siempre vendiendo las mismas cosas de siempre, en un lugar con menos oxígeno.

Y poco después llego la gota que derramó el vaso, el Festival México-Japón realizado erróneamente en las instalaciones del CENART y no es los jardines del mismo. Donde estaban otra vez, los mismos locatarios, vendiendo las mismas cosas que uno había visto en todos los eventos realizados a lo largo de todo el año.

Entonces ¿Cuál es la queja y la preocupación? Que la búsqueda inmediata de una retribución económica genere más de estos “Festivales” que no terminan por aportar nada trascendente a la cultura de la ciudad  y que terminen por aburrir y desacreditar el concepto mismo de “Festividad”.

La recomendación para quien desee organizarlos es simple: Crear un concepto de identidad que haga fácilmente diferenciable el evento de cualquier otro. Esto convertirá un simple tianguis con ínfulas en una experiencia a la cual deseara la gente volver.

Para los vendedores. En no conformarse con la posibilidad de tener uno o dos días con un punto de venta, aprender de las activaciones y convertirse en un foco de referencia para los asistentes. Es decir, ser un poco más creativos. A la larga las ventas los agradecerán.

Y para los asistentes, en no ser tan ingenuos, no caer en nombres atractivos como “El festival de las fuerzas místicas” Si no tiene un buen programa de actividades y no está realizado en un lugar que se preste para todo ello. Pues admite que solo iras a ver cosas que no podrás compras y comida cara.

La conclusión es muy simple: No porque le cambies de nombre las cosas van a funcionar diferente, puede impresionar a algunos incautos al inicio pero a largo plazo echas a perder las expectativas de los asistentes.

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