Música y Drogas, Una Vieja Mala Historia

Por: Arcano

Que si la chilladora por el muertito que apareció a unas cuadras, que si el malandro que se adueñó de la esquina para vender y la gran indignación en Facebook por la inseguridad en el país, ¡Aha! Si yo lector les dijera cuántos necesitan un toque de mota para que les salga bien dos acordes.

Quiero ser claro, esto no es contra el crimen, cada quien su medio de sobrevivencia, el tema de esta bella notita es la larga historia de hipocresía entre el ambiente creativo, alternativo sepa que más y el consumo de estupefacientes para hacerla efectiva.

Ésta es pregunta vieja, ¿Es arte lo nacido de un tóxico?, ¿Podemos considerar talento verdadero a quien sólo es capaz de conectar con su “profunda” creatividad sólo por el medio de la mota, la coca y sobre todo, el alcohol en exceso?

Hay muchos casos históricos de grandes maestros que dieron lo mejor de sí por medio de la intoxicación, la pregunta no es si esto justifica el consumo, la cuestión verdadera es imaginar cuántos cientos fracasaron usando el mismo método.

Todos lamentamos la trágica muerte de una persona joven a causa del alcohol, pero nunca a nadie indignarse por que su “músico o banda” favorita se ponga hasta las chanclas. ¿Quién demerita al diseñador gráfico que consume marihuana? ¿Quién no le teme a la inseguridad de hoy en día?

Y toda ésta tan hermosa gente que canta palabras de amor, amistad y se regodea con las causas más nobles posibles, cuando la verdad; pop alternativo o metal pesado, una vez que han tocado en uno o dos foros conocidos, todos por igual terminan aspirando líneas en el mismo after.

Y no se diga de los hombres, si les contara cuántos patéticos aspirantes al terminar sus toquines sólo aguardan la esperanza de rematar la velada con una morra sabrosa de un lado y una chela del otro. Pero, ¿Quién no lo quisiera? Así es nuestra especie.

Me alegro mucho de quién se este indignando en este momento, porque significa que aún hay cierta salvación para el arte en este país, personas que talachan y no tienen mayor pecado que una coca fría y tal vez, a criterio amplio y bajo interpretación, a una cajetilla de cigarros.

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