Panamérika “Celebration”: La Ironía de la Gratitud

Texto: Luis Mata (1909)
Fotos: Alegre

¿Cuál es la importancia real de un concierto?, ¿Por qué en los últimos años se han incrementado tanto?, ¿Quién realmente importa en estas ocasiones?, ¿Qué tanto respeto se da hacia el público consumidor?, ¿Al rededor de qué gira el negocio?

Hace tiempo vi un flyer que anunciaba un show gratuito de Bomba Estéreo en la Ciudad de México. El evento era nutrido por Astro, Centavrus, Compass y Torreblanca, todo esto en el Parque México. Buen plan, ¿No? Observé la fecha y llegué a la conclusión de que me lo tendría que perder por un festival que se me cruzaba. Pasó el tiempo y dicho festival se canceló, abriéndome las posibilidades de aquél fin de semana. Entré a la página del sponsor Red Bull Music Academy Radio Panamérika y me topé con que la locación había sido cambiada al Teatro Ángela Peralta.

¿Neta en el mini foro ubicado a espaldas de la zona hotelera en Polanco? De inmediato la gente comenzó a inquietarse preguntándose cómo carajos íbamos a caber todos en un lugar cerrado, cuando la invitación inicial era en un parque abierto. Los organizadores mencionaron que “por motivos ajenos a Red Bull” la ubicación sería cambiada y que sería una “gran fiesta abierta al público”. La negligencia llegó a tal punto que las respuestas en el Facebook de RBMA aseguraban que habría cupo suficiente. Todos sabíamos que eso era una fantasía.

Mi curiosidad me hizo acercarme al evento, aparte de mi gran gusto por Bomba Estéreo, pese al buen line up, yo iba con la idea fija de ver el acto colombiano de Lili Saumet, sin importar nada más, por esta razón me tomé mi tiempo y llegué justo cuando Compass estaba por terminar su presentación. Mis amigos me mandaban mensajes desde horas antes, diciéndome que ya estaban formados y que quizá no entraríamos.

Le di la vuelta al anfiteatro, observando cómo en la parte interior algunas personas comían tranquilamente en lo que parecía ser una zona VIP, mientras cientos de personas aguardaban en el sol. Cuando encontré a mis amigos, parecía que entrar no iba a ser una dificultad. Claro, lo vi de una forma sencilla, ya que yo no llevaba formado ahí varias horas como ellos. Desde la parte de adentro se escuchaba la voz de Camilo Lara, recordando a los 43 normalistas desaparecidos y dedicándoles un tema, mientras que a pocos metros del lugar, sobre Paseo de la Reforma, se llevaba a cabo una manifestación en torno a los estudiantes de Ayotzinapa.

Justo cuando volteaba hacia la inmensa fila, aún esperanzada por ingresar, un representante del festival salió a decirnos que ya no había forma de entrar, que nos teníamos que retirar. ¿Cómo así? Gente que había gastado gran parte de su Sábado se sintió traicionada y se negó a abandonar la fila. Algunos comenzaron a buscar formas de entrar, saltándose la cerca, los primeros de ellos con éxito, siendo frustrados después por elementos de “seguridad”. En realidad el evento carecía de seguridad, lo cual hizo que los pocos cuidando las entradas fueran perdiendo el raciocinio a medida que la intensidad subía.

Comenzamos a juntarnos en torno a una reja, insistiendo que nos dejaran pasar. Al principio nada sucedía. La gente guardaba un buen ánimo y los cuidadores parecían estar calmados y por momentos, a punto de ceder. Nosotros sabíamos que no íbamos a entrar, ellos sabían que no nos íbamos a ir, no pasaba a mayores, no había riesgo alguno. Las cosas cambiaron cuando un chico de unos 25 años se saltó la cerca, justo frente a los cuidadores. Una vez que el joven cayó dentro del lugar, uno de ellos lo tomó y sin decir palabra alguna, escuchamos una fuerte descarga eléctrica.

El ambiente cayó en violencia, la gente comenzó a atacar a los elementos de seguridad después de su agresión hacia el chico. Algunos comenzaron a soltar patadas, botellazos (de vidrio) y demás. El principal cuidador, que era un joven que no pasaba de los 30 años, utilizaba su arma para dar toques a los que agitaban la valla bruscamente. Después de unos minutos de pánico y violencia, alguien logró romper el candado y entramos bruscamente al Ángela Peralta.

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