Reseña: Against Me! + Torreblanca en el Converse Rubber Tracks Live

Fotos: MG
Texto: Arnim Aponte

“Juguemos con agua y fuego, que haya paz melódica y en la otra mano el caos de una generación; todo, en un mismo escenario”. Ésta fue la idea presentada por Converse en el evento de anoche, Rubber Tracks Live, anunciando a Torreblanca y Against Me! en el mismo lugar: El Plaza Condesa.

“Yo quisiera metaforizarla, asumida la victoria de un Juan Manuel Torreblanca“, porque tomó lugar al centro de un escenario, acompañado de sus seis atalayas musicales, que unidos brindaron unos ritmos que rompían con la rutina de los cuerpos tiesos; el conjunto musical puso algunas rodillas a balancearse, dedos a chasquear y caderas a mecerse. Unificaron un público que en su mayoría quería quemar el lugar.

Visuales a espaldas de la agrupación mexicana, que aunque carentes de llevar el ritmo adecuado y de brindar la proyección correcta del sentido artístico de la banda, solamente resultaron en ruido y un estorbo; los presentes solamente querían ver cómo es que siete individuos podían generar tales ritmos, que rompieron con el prejuicio de muchos que enunciaba: “Esa banda Telcel, ni es tan buena”.

Después vino la transición, donde Torreblanca dejó de tocar. Unos abandonaron el lugar y otros llegaron, remplazando las filas de espectadores, como incorporándose a un grupo que ansiaba por corear temas sobre revolución, estilo y anarquía. Un redoble imaginario fue el que preparó a todos los presentes para presenciar un espectáculo que iba en contra de ellos.

Punk, de compases y tempos rápidos empezó a llenar los oídos de todos; Against Me! estaba presente, con Laura Jane Grace al frente. La energía creció en el lugar, el estrés se perdía deliberadamente cada que Atom Willard, el baterista, generaba un estruendo placentero que rebotó  por cada pared.

Slam, golpes, crowd surfing, gente desvaneciéndose; fue el resultado del blues de la Disforia de Género y de un thrash irreal. Inclusive se escuchó “Pints Of Guinness” y otros éxitos.

Ayer, en El Plaza Condesa, ubicado en Juan Escutia #4, se demostró en un escenario que el punk no está muerto, que está más vivo que nunca y es transgénero.

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