Tolkien (Dome Karukoski, 2019)

Érase una vez un jóven de sangre inglesa que nació en Bloemfontein, Sudáfrica. Este muchacho viviría en carne propia la tragedia de quedarse huérfano y vivir las dos caras de la ciudad de Birmingham, la rural y la industrial, hasta encontrar un buen refugio gracias al apoyo de un cura católico llamado Francis, el cual se encargó de encontrarle un nuevo hogar junto a sus hermanos.

Ese muchacho se llamaba John Ronald Reuel Tolkien, singular personaje que, en el año de 1937 se volvería un fenómeno de la literatura fantástica al publicar el libro llamado “El Hobbit“, donde este egresado de Oxford, amante de los grandes clásicos, las diferentes lenguas y de los relatos de mitología nórdica, crearía un mundo conocido como la Tierra Media, convirtiéndose en un referente cultural que pasaria de generación en generación hasta la actualidad.

Con estos antecedentes, se pensaría que si se realizara una adaptación a cine de la vida de J. R. R. Tolkien, autor de la saga del Señor de los Anillos, sería una historia llena de cierta magia donde podriamos ver cobrar vida esas influencias que marcaron su ideologia y creatividad hasta llegar a la creación que lo volvería inmortal en el mundo literario del siglo 20. Sin embargo, no es asi.

Tolkien, dirigida por el finlandés Dome Karukoski (Tom of Finland, 2017) es una cinta biográfica que carece de la magia suficiente para un personaje como Tolkien, optando ir por un relato muy básico donde vemos los años de formación de este escritor, es decir, su infancia y juventud, rodeada de ciertos hechos que de alguna manera fueron parte de su influencia para el relato que eventualmente nacería de su pluma, siendo el motor de la historia el amor y compañerismo.

Si bien ese enfoque no es malo y de hecho tiene partes destacadas, como la relación que tiene Tolkien (interpretado por Nicholas Hoult) con sus amigos de escuela y la formación del Club de Té de la Sociedad de Barrow, asi como guiños a sus mentores e influencias directas de las lenguas y culturas que lo fueron formando, el relato cae en lo soso cuando nos presentan su romance con Edith (Lily  Collins), una historia de amor que se va por lo básico y no explota los elementos más bellos, mágicos o incluso dramáticos de la misma.

Y es que si nos ponemos a pensar en filmes biográficos de artistas, notamos que hay casos donde se sale de lo usual en estos relatos para ir más acorde con la identidad e influencias de nuestro personaje, explotándolas de buena manera. Ahi esta Frida (Julie Taymor, 2002), que explotó el colorido y la visión de Kahlo en una cinta que abarcaba datos biográficos pero con toques únicos que sacaban a la cinta de ser un drama de telenovela con todo y sus inconsistencias, o incluso Ed Wood (Burton, 1994) y Amadeus (Forman, 1984), cada una con un enfoque único y un mensaje diferente donde la personalidad del artista se reflejaba en la cinta misma, llendo más allá de la biopic usual para tratar de profundizar en otras temáticas.

En cuanto a los aspectos mas técnicos, la fotografía tiene buenos momentos, sobre todo en las secuencias de guerra, logrando tal vez los mejores momentos visuales en esos puntos. El vestuario esta bien cuidado y la ambientación de Inglaterra a principios del siglo XX funciona bien sin ser algo impactante, solamente bien realizado. La musicalizacion se siente a veces plana, al igual que el ritmo de la cinta, ya que en los momentos románticos no hay algo de mayor impacto salvo cierta parte donde Wagner y su ópera, El Anillo del Nibelungo, suenan pero carece de emotividad.

Las actuaciones de Hoult y Collins son cumplidoras pero no destacadas. Es decir, hacen bien su papel pero caen víctimas de la falta de chispa en el relato de amor, situación que afecta mucho al desarrollo de la cinta, quitando datos básicos de la relación real entre ellos, como la diferencia de edades (Edith era mayor que Tolkien), la afición de ambos y el amor ciego que se tenían, hasta la pasión compartida que hace de su historia algo tan memorable en la vida del escritor que trascendió hasta sus obras en el poema de Beren y Luthien, que hacia referencia a ellos.

El otro aspecto que puede causar conflicto a los puristas es que opte más por el sentido del drama y las situaciones vividas en su época como influencias para sus obras que las obras literarias que si le fascinaron, tales como “El Cristo de Cynewulf” o los relatos acerca de la leyenda de Beowulf, entre otros, que fueron parte fundamental en la formación de los mundos de Tolkien, tanto como su fascinación por la lengua y la importancia de la misma, otra cosa que omite la cinta en la que solo regalan guiños de ello.

Asi, Tolkien se convierte en una película que puede funcionar para abrir la curiosidad de nuevas generaciones para saber más acerca de la vida y obra de este afamado autor, pero coml cinta biográfica queda en un buen intento que optó por el relato melodramático de fórmula y no por una visión más mágica que trascienda en su mensaje. Es asi como el autor de la Tierra Media recibe un trato básico que, para los exigentes y sabedores de la historia de Ronald, dejará un tanto insatisfechos en el resultado a pesar de que el producto final no sea malo.

Calificación : 65/100

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