Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada de Pablo Neruda

Arcano

Podría escribir la reseña más perfecta esta noche… pero aun así dejaría un cuerpo medio vacío, sin alma suficiente, que satisfaga como monumento la tinta original, y la fuerza de cada verso de Neruda.

La palabra suena turbia, retrospectiva, ajena a las sensación habitual del mundo exterior; Neruda. Sonido pronunciado que evoca una perfecta y anhelada melancolía, un gélido arte, un país donde todo ha pasado pero nadie lo menciona.

Tener 19 años, enterarnos que toda nuestra alegría es mentira, que la indiferencia es un infierno peor que la pintura de la soledad, que solo se necesitan 20 pasos para que el día de nuestra pasión, llegue una tristeza a la orilla de la noche.

Dejar de distinguir si esa persona esta ahí, arrepentimos de no poderla adorar de lejos, soñar que en un pastizal dulce siendo parte de la vida pequeña, todo podría ser mejor. Más breve, menos doloroso.

Ver la belleza en el hueco de la necesidad de una emoción que debería estar ahí cuando el momento es, es el fundamental de estos bellos versos, líquidos y dulces en su paso cercano a nuestro corazón, pero con inesperados filos de hielo.

Un alma clara en su razón, y libre en las tierras que decidió visitar, hombre de esos que plantean la incógnita ¿Era consiente de la grandeza de su vida? ¿Comprendía que ver a Gandhi o pasar una tarde con Diego y Frida, era un inimaginable trascendental?

Uno, dos… tres… ocho… llegar a desconcierto nocturno; enorme texto, profundo, no en descenso a nuestro ilocalizable interior, sino un emergente de la belleza que no queremos admitir, la de la ausencia. Este es un texto que siempre debe estar a la mano.

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