Vivir Sin Celular

Hoy muchos creen impensable despegarse del dichoso aparato, imaginan que la pérdida de la conexión significa el aislamiento social, sumergirse en la nada actual.

Curiosamente la respuesta es no; es paradójico cómo controlar, ya no digo detener, el uso de esa tecnología que provoca que la unión con las demás personas se vuelva más significativa.

Apagar el celular y no saber que hacer es el primer síntoma de que algo está severamente mal, evidencia de que careces de hobbies, placeres simples y nivel de concentración, sí, nivel de concentración; estar visualmente dopado no es lo mismo que concentrarse.

Cuando uno no presta atención excesiva en las redes sociales, descubres el poco interés de los demás por ti, suena triste, pero entre tanto contacto surgen personas que no te olvidan, son esas a las que vale la pena corresponderles y darles like.

Ver el entorno se transforma en un placer, no se necesitan filtros de luz cuando el clima natural ya nos regala nubes, sombras y atardeceres, no hay dos días iguales, ¿Por qué alinearlos todo con el mismo filtro?

La comida se vuelve un placer especial, un secreto que es sólo para ti, que compartes con aquellos que debes conocer, no hay tristezas ni decepciones, no hay reseñas, sólo el tenedor o la cuchara que se deslizan a tu paladar.

Y los ruidos de tu cabeza se hacen mas claros, la vida no está diseñada para saberlo todo, en todo momento, en el instante en que sucede, el silencio es una arte, la ignorancia cumple su apacible finalidad y las cosas importantes se presentan lavadas ante ti.

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