Whiplash: Un odiado gran trabajo

Texto: Eduardo Ángeles

Con un director joven y primerizo, actores de mediano tamaño y música jazz constituyéndola, Whiplash parecería no elevar los estándares ante la crítica ni ser la favorita obvia; grave error.

Whiplash: Música y obsesión, como fue llamada en Latinoamérica, escrita y dirigida por Damien Chazelle, nos narra la historia de Andrew Neyman (Miles Teller), un joven estudiante de música apasionado por la batería y ensoñado por llegar a ser el mejor baterista de jazz. Por otro lado, Terence Fletcher (J. K. Simmons) un brutal instructor y director de jazz, escucha a Andrew tocar, lo que alimenta en el chico una chispa de motivación y superación, llevándolo a sus límites si es que quiere volverse el mejor percusionista.

Whiplash es precisa como cada nota empleada por aquellos virtuosos músicos de la banda, la edición es muy dinámica y ágil, lo que te hace estar siempre al tanto de los ritmos y los compases de aquel despiadado profesor, que imprescindiblemente, es un guía, no sólo en cuestión de la historia si no actoralmente, Simmons acaba de llevarse con este papel un pase al infiero al cielo; despiadado y perfeccionista pero majestuoso y admirable.

Estamos frente a una película electrizante que te intrigará y apasionará tanto como al joven Andrew, innegablemente Damien nos presenta una obra de arte que durará demasiados años y servirá como recordatorio de que podemos hacer grandes cosas aún de temas sencillos, sabiendo coordinar y sudando la gota gorda.

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